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Varios han sido los casos que hemos conocido últimamente a través de la opinión pública acerca de la ‘subida’ de videos ‘hot’ a la red, en los cuales aparece una pareja, normalmente de nuestra farándula, en plena intimidad.

La existencia de películas y/o videos Hot, e incluso una exitosa industria cinematográfica hollywoodense Triple X no reviste mayor sorpresa. Tienen su público objetivo y un gran número de parejas les seduce verlas en conjunto. Pero ¿que sucede con las personas que se auto filman en su intimidad y luego se exhiben en las redes sociales, a quienes denominaremos como ‘sujetos autofilmantes’?

Lo escópico

Freud se refirió a la ‘escopofilia’ o el placer de mirar, como uno de los componentes de la sexualidad infantil caracterizada por un deseo manifiesto de indagar en lo prohibido. Los niños son voyeristas, frecuentes es verlos mirar a las niñas en los baños o al subir las escaleras, la intimidad de los padres o todas ellas. Existiría ahí una ilusión placentera de contemplación secreta. Una curiosidad, un deseo de mirar lo que no debe ser visto.

 

En 1964, J. Lacan, Psicoanalista francés, habla de la pulsión escópica.

Ver no es lo mismo que Mirar. Hay una diferencia entre el ver y la mirada, el ver es del orden de la necesidad y en la mirada está puesto el deseo. La mirada implica al sujeto y al deseo allí en juego.

El ver, va del Yo a las imágenes, es el acto perceptivo que aprehende las imágenes y mantiene una relación continua, imaginaria.

La mirada, por el contrario, marca una posición del sujeto, es provocada por una imagen que viene de afuera pero constituye una de las maneras de gozar, pues no solo atrae al sujeto sino también lo confunde, lo encandila, lo fascina.

En nuestro ‘sujeto autofilmante’, estaría presente un ‘dejarse mirar’ o “ad-mirar” su propio cuerpo, o partes de este, por otros.  Esto lo hace gozar, siente placer en ese acto. Un placer perverso sin lugar a dudas, un placer culpable, pero placer al fin. Eso es lo que lo fascina. Ese sujeto existe en relación con el ojo ajeno. El ‘dejarse mirar’ lo valida como sujeto.

Se es sujeto en la medida que otros nos miren, nos deseen, reparen en nosotros. La posibilidad de ser mirado por otros, permite que ocupemos un lugar en el deseo ajeno y eso nos ‘califica’. No hay nada más cruel e invalidante que no ser deseado por nadie. En la novela ‘El Perfume’ de Süskind podemos apreciar claramente el horror de un niño que nace sin olor y que es rechazado por su madre y nodrizas, hasta que él decide asesinar a otros para extraerles su esencia humana y ‘fabricar’ un perfume para si mismo. Simplemente para que los otros, lo validen como ser humano.

De lo que se trata es de “hacerse mirar”, casi como un grito invocante para que el otro se abra en nuestro deseo.

Hasta la próxima

Susana Krause Iampaglia

Psicóloga Clínica

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